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Tierras raras: Brasil entre la riqueza mineral y el poder tecnológico.

Maurenilson Freife

La cuestión crucial no es cuánto mineral posee el país, sino qué piensa hacer con él. Esta vez, existe la posibilidad de transformar las ventajas geológicas en conocimiento, tecnología y capacidad industrial.

Durante décadas, Brasil ha medido su riqueza por la abundancia de sus recursos naturales. El mineral de hierro, el petróleo, la soja y otras materias primas han consolidado una economía integrada al comercio internacional. Este modelo ha generado beneficios, pero también una pregunta recurrente: ¿por qué los países ricos en recursos naturales no siempre logran transformar esta riqueza en desarrollo tecnológico e industrial? La aparición de minerales críticos, especialmente elementos de tierras raras, replantea esta pregunta desde una nueva perspectiva.

Presentes en turbinas eólicas, vehículos eléctricos, equipos médicos y dispositivos electrónicos, estos elementos se han vuelto indispensables para la economía del siglo XXI. Por lo tanto, son fundamentales para las estrategias industriales de las principales economías. La competencia implica no solo el acceso a los minerales, sino también capacidades industriales, dominio tecnológico, conocimiento y autonomía estratégica.

Este es quizás el principal cambio de paradigma que Brasil necesita comprender. El verdadero activo estratégico no son las reservas minerales, sino la capacidad de transformarlas en productos, tecnología, empleos calificados e integración internacional. Exportar concentrados puede generar ingresos, pero rara vez modifica la posición de un país en las cadenas de valor globales. El mayor valor reside en el procesamiento, el refinado, los materiales avanzados y los productos finales.

Las cifras ilustran el desafío. Brasil posee aproximadamente el 25% de las reservas mundiales conocidas de tierras raras, la segunda mayor proporción del planeta, solo por detrás de China. Sin embargo, en 2024, representaba aproximadamente el 0,15% de la producción mundial y no participaba en el refinado. China concentraba el 91% de esta etapa. La diferencia entre estos indicadores demuestra que la abundancia de minerales y la capacidad industrial no son sinónimas. La ventaja de Brasil reside en el subsuelo, mientras que las etapas más valiosas se llevan a cabo fuera del país.

Brasil posee experiencia en minería e ingeniería, así como un sistema científico y tecnológico capaz de impulsar la innovación. Sin embargo, enfrenta una baja capacidad de refinación, una integración industrial reducida y una limitada apropiación del valor agregado. Si continúa limitándose a exportar materias primas, podría volver a ocupar una posición periférica. Si desarrolla capacidades a lo largo de la cadena de suministro, puede transformar una ventaja geológica en una ventaja competitiva duradera. Esta elección es lo que diferencia una política minera de una estrategia de desarrollo.

El tema ya forma parte de la agenda nacional de ciencia, tecnología e innovación. La Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2024-2034 reconoce los minerales estratégicos y críticos como un área prioritaria. En este contexto, el Centro de Estudios Estratégicos y de Gestión (CGEE), dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, coordinó el estudio "Tierras raras en Brasil: estado del arte, escenarios y una hoja de ruta estratégica para 2026-2040".

Esta oportunidad no permanecerá abierta indefinidamente. A medida que avanzan las inversiones y las alianzas industriales, aumenta el costo de la entrada tardía. Sin embargo, Brasil aún puede elegir su posición en la cadena de suministro antes de que esta se consolide.

El debate sobre los elementos de tierras raras no se limita, por lo tanto, a la minería. La cuestión crucial no es cuánto mineral posee el país, sino qué piensa hacer con él. Esta vez, existe la posibilidad de trazar una trayectoria diferente: transformar las ventajas geológicas en conocimiento, tecnología y capacidad industrial. Esta elección definirá el lugar de Brasil en la cadena estratégica de la economía del siglo XXI.

Anderson Gomes - Físico, director ejecutivo del Centro de Estudios Estratégicos y de Gestión (CGEE).

Artículo de CGEE publicado en Correio Braziliense .

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